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Alimentación durante el embarazo, qué si y qué no.

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Las preocupaciones por la alimentación surgen muchas veces a raíz de ese positivo en el test de embarazo; dos rayitas que lo cambiarán todo. Nueve meses más tarde nacerá un ser que dependerá totalmente de ti durante muchos años, por lo que el bienestar físico y anímico se hace una prioridad, tanto en nuestras vidas como en la de ese bebé concebido con la mayor de las ilusiones.
Es importante no obsesionarse con la alimentación, ya que la saturación de información provoca, en ocasiones, un estado de agobio del que puede resultar difícil salir. A los consejos de madres, hermanas, tías y amigas se suman los de vecinas y conocidas, que asumen un papel y, en consecuencia, la mujer embarazada acaba acudiendo a su consulta ginecológica inmersa en un mar de dudas.
Estas fechas navideñas, donde los excesos son casi inevitables, hacen aflorar más que nunca algunas preocupaciones en torno a lo que se puede o no tomar durante los meses de gestación. Paloma Ramos, nutrióloga de IVI, despeja las dudas más frecuentes acerca de los mitos y verdades de la alimentación durante el embarazo.

Se pueden y se deben tomar:

– Proteínas animales (carnes, pescados y huevo, siempre cocinados) son esenciales para el correcto crecimiento del embrión. A las embarazadas que llevan dieta vegetariana se les recomienda, en la medida de lo posible, la ingesta de carne roja durante el embarazo, ya que bajan mucho los niveles de hierro (teniendo incluso que ser suplementados con pastillas). Para una mejor absorción del hierro, tanto en forma de alimentos como en forma de pastillas, se recomienda evitar tomar lácteos 1 hora antes y 1 hora después. Para mejorar la absorción se aconseja acompañarlo de vitamina C (naranja, limón, pimiento…)
– Las grasas vegetales (sobre todo aceite de oliva) ayudan a la construcción de las membranas de las células.
– El calcio, fundamental para la formación de los huesos del bebé. No hace falta tomar leche entera. Hay leche de tipo “semi” o descremada con bajo aporte de grasa y enriquecidas con calcio o las vitaminas A+C que se eliminan al descremar. Se recomiendan 3 raciones de lácteos diarias (queso, yogur, leche…)
– Vitaminas como el ácido fólico (a nivel nutricional lo encontramos en el brócoli, espárragos, legumbres, avellanas), que ayuda a prevenir los defectos de nacimiento del tubo neural, y el Omega-3, que mejora la función cognitiva y neurológica del bebé. A pesar de encontrarlo en la dieta, se recomienda suplementar el aporte de ácido fólico con pastillas multivitamínicas específicas.

Debemos evitar:

– Bebidas estimulantes (café, té, infusiones, bebidas energéticas y refrescos). En el caso del té o el café, no se recomienda superar las 2 tazas al día como máximo. En cuanto a refrescos, es recomendable optar por los que son sin azúcar (las burbujas no son un problema).
– Hígado: Tiene un alto contenido en vitamina A, por lo que un exceso podría provocar defectos en el desarrollo del bebé, sobre todo en los primeros meses de embarazo.
– Algas (poseen un alto contenido en yodo), aunque para que afecten negativamente al embarazo habría que tomarlas en grandes cantidades.
– Lucio, pez espada y atún rojo (por su alto contenido en mercurio y metales pesados). Sí se pueden tomar pescados blancos y salmón.
– Alimentos o guisos muy grasos, ya que la producción de hormonas en el embarazo hace más lenta la digestión. Si ya de por sí las comidas grasas cuestan de digerir, para una embarazada puede provocar una digestión aún más pesada. Por ello, es mejor hacer más comidas al día pero de poca cantidad.
– Ensaladas o verduras crudas: Deben estar muy bien lavadas. Hay más riesgo de toxoplasmosis por frutas o verduras mal lavadas que por el jamón. Es recomendable no comer ensaladas fuera de casa, ya que desconoces cómo han sido manipuladas. Y en casa, lavarlas mucho, incluso las que van ya en una bolsita.

Prohibido tomar:

– Quesos sin pasteurizar, blandos o azules, por riesgo de contener listeria. Mejor quesos tiernos, curados o semicurados y los quesos tipo burgos.
– Embutidos. Aun así, siempre se puede optar por la congelación de estos alimentos para eliminar todo riesgo de toxoplasmosis. Hay estudios recientes que afirman que el jamón curado durante más de 20 meses elimina la toxoplasmosis en caso de haberla. Si la toxoplasmosis es positiva, no hay restricciones.
– Carnes crudas o poco cocidas (por riesgo de toxoplasmosis)
– Pescado crudo en general, ahumado o en salazón, así como crustáceos o moluscos crudos, por riesgo de listeria y anisakis. Si quieres comer sushi, pregunta en el restaurante si el pescado ha sido congelado a -20ºC durante 24-48 horas. En teoría, esto es de obligatorio cumplimiento por todos los restaurantes, con lo que una embarazada podría comerlo.
– Mayonesa casera y postres elaborados con huevo crudo
– Tabaco
– Alcohol. Aunque sí es recomendable la cerveza 0 (Cero Alcohol),por su aporte de vitaminas, antioxidantes y minerales.

3 claves para un embarazo de 10

– Hidrátate: El cuerpo de la mujer embarazada va a experimentar una serie de cambios para los que es fundamental una buena hidratación. La piel se estira para adaptarse al útero, por lo que el uso continuo de crema hidratante y la ingesta de agua –de 8 a 12 vasos al día- son dos hábitos que habrá que incorporar a nuestras vidas.
– No comas por dos, sino mejor: Come siete porciones de fruta y verdura al día y trata de hacer tus platos multicolor (cuanto más coloridos sean los platos, más diversidad de vitaminas y minerales habrá en los alimentos que consumas). Hay algunos nutrientes importantes para el crecimiento del bebé: Calcio, hierro, ácido fólico, vitamina C, vitamina D, ácidos grasos esenciales y Omega-3. La clave está en la calidad de los alimentos que se ingieren, y no en la cantidad.
– Un poco de ejercicio: Si a una buena alimentación le sumamos algo de ejercicio durante el embarazo, tenemos casi asegurada una buena recuperación tras el parto, siempre que no hayan complicaciones gestacionales o que el propio especialista considere oportuno el reposo por el motivo que sea.